Mis lecturas recomendadas

viernes, 12 de julio de 2013

Las estrellas me hablan.



Siento como la vida me recorre el cuerpo a través de las  venas y mis maltrechas arterias. Desde el porche de una casa en la sierra, una cerveza bien fría en la mano, grata compañía de unos buenos amigos, envuelto en la dulzona fragancia de una dama de noche que acaba de despertar, que no hace falta ver, ya se deja ella oler, y una agradable y fresca brisa serrana que agradezco con interminable gratitud, bajo un cielo ahíto de estrellas que me permiten soñar. Esas estrellas que la ciudad con sus tejados, sus muros, sus edificaciones, sus luces te impiden ver cada noche. De no ser por la inquieta perseverancia del canto de las chicharras ocultas en un almendral vecino, de seguro que también las podría oír susurrar entre ellas. Pero para mis oídos guardan silencio. También calla una tímida luna, apenas un hilo de plata flotando en la inmensa negrura del cielo de la Axarquía, como un resquicio ínfimo abierto en esa inmensidad infinita que te llena de misteriosa zozobra y perturba el alma ante tanta pregunta sin respuesta, ante tanto enigma sin resolver, tanto secreto sin desvelar.
Desde El Borge, en lontananza, titilan pueblos diversos esparcidos aquí y allá. Unos con nombres conocidos otros que ignoro por completo. Dan vida a la oscuridad de la sierra. Abajo, entre el mar y la montaña se extiende Vélez Málaga. Una de esas luces que palpita es el alma que me dio la vida, es la luz de mi madre, quien pronto dormirá velada con celo por mi hermano. Cada luz que refulge es una vida que florece, otra que se apaga; una sonrisa sin rostro, un llanto de oculta lágrima; un amor gozado, un odio sentido; una felicidad o un dolor; un reencuentro alegre o una triste despedida; una tediosa rutina o una entusiasta novedad; qué más da. Es una señal de vida que se lanza al infinito que alguien con una cerveza bien fría en la mano y el alma serena recogerá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario