Diserta Ovidio Monforte, tabernero de mi barrio, en uno de
sus escasos ataques de lucidez que le otorga el habitual aletargamiento etílico
en el que está sumido, que la psicología no tiene otra finalidad que la de
endulzar nuestra triste realidad, limando sus asperezas, suavizando sus áridos contornos,
disfrazándola con una cobertura de benigna apariencia de modo que nuestra vida
sean más llevadera, admisible y soportable en definitiva.

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